QUEENS — La tranquilidad que había reinado en el vecindario Este de Elmhurst ha sido entorpecido con lo que dicen sus residentes es uno de los crímenes más "atroces" que hayan visto.
Este barrio residencial fue escenario del doble asesinato de las colombianas Estrella (56) y Lina Castañeda (25) a martillazos el miércoles en la madrugada. El presunto autor del doble homicidio es Carlos Amarillo, un argentino que confesó
su crimen a la Policía poco después de haberlo cometido.
Los
residentes estremecidos por la crueldad del suceso, reaccionaron
sorprendidos por los hechos y algunos fueron afectados personalmente,
pero aseguran que este crimen no cambiará al vecindario.
Según Ferney Hernández,
el área es "relativamente buena", pero lamenta que en los últimos años
han llegado personas que tienen otro estilo de vida. "Pues que son un
poco más indisciplinados, que les gusta hacer bulla. Muchachos que usan
droga y aunque se ha hecho reporte en la Policía; ellos dicen que
necesitan evidencia, que nosotros debemos colectar en vez de ellos
buscarla. Pero en términos generales es un buen vecindario".
Hernández
lamentó la muerte de sus compatriotas, pero dijo también sentir
"lastima" por Amarillo. "Me da lástima por el hombre porque si llamó a
la Policía inmediatamente fue porque se arrepintió. Dios quiera que no
afecte mucho a la niña que quedó viva".
Según Norma Jiménez, miembro de la Junta Comunal 3 desde hace 17 años, ésta es la primera vez que saben de un crimen "tan grande" en el vecindario.
"Los
crímenes que hemos tenido años anteriores han sido robo de autos en un
tiempo y después la basura que dejaban los conductores de los buses
porque tenemos los estacionamientos aquí cerca", declaró la dominicana,
quien vive en el área desde 1976. "En ese entonces nos unimos, nos
organizamos y formamos la Asociación Triblock, pero hasta ahora no habíamos vuelto a hacerlo porque todo marcha bien".
Jiménez
indicó que lo sucedido había sido un crimen familiar y "no pienso que
eso vaya a cambiar la tranquilidad de este vecindario. Ahora nos unimos
en desgracia para decir presente a los familiares de Estrella y su
hija", agregó.
Según la líder comunitaria, el Este de
Elmhurst era un vecindario en el que predominaban americanos e
irlandeses, pero desde que empezaron a llegar los primeros hispanos todo
cambió. "Ahora es un vecindario mixto donde tenemos de toda clase de
inmigrantes: colombianos, dominicanos, ecuatorianos, asiáticos y todavía
quedan algunos americanos".
De una u otra forma, los residentes de esta área
han sido afectados por el crimen. Jiménez indicó que sentía "una
tristeza increíble" y describió a Estrella como una mujer muy
trabajadora, luchadora y que adoraba a su nieta". "Eso de que hacia brujería es mentira, ella era una mujer de iglesia. Creo que era algo personal, me imagino que ya querían sacarlo de la casa y por eso lo hizo".
En
la corte, un juez determinó que Amarillo quedará detenido sin derecho a
fianza y tendrá que regresar al juzgado el 11 de febrero.
Anoche, Elsa Gladys Cifuentes Aranzazu, Cónsul General de Colombia en Nueva York
y otros líderes se reunieron en una vigilia frente a la vivienda en el
24-10 de la calle 87 para decir: "No a toda clase de violencia contra la
mujer".
Patricia Hernández, una
colombiana que vive en la misma cuadra junto a su esposo desde hace 21
años, dijo estar "muy conmovida" por esta tragedia. "No he podido casi
dormir, porque en verdad ha sido horrible la forma en que murieron".
Abatida
por el crimen, Hernández también lamenta la situación del acusado de
los asesinatos. "Es muy triste lo sucedido y siento hasta tristeza por
el hombre, porque las mujeres ya están descansando con Dios, pero el
hombre está vivo y debe estar pasando una mala situación y lo que le va a
pasar".
Al igual que Hernández, otros residentes del vecindario como Mary Montoya,
quien vive en el área desde hace 10 años, quedó "muy impresionada"
desde que se enteró de la noticia y se siente "atemorizada".
"Es
un barrio tranquilo, pero da miedo el pensar que hay gente cerca que
piensan en matar. Eso da mucho miedo. El (Amarillo) tuvo que haber
pensado lo que iba a hacer".
Uno que otro vecino se
detenía a curiosear y a poner flores y velones a un pequeño altar
improvisado temporalmente frente a la casa donde ocurrieron los hechos.
La puerta de la vivienda estaba sellada con el sello de la Policía que
no permitía la entrada a ninguna persona.
Anthony Batisti, el abogado que representó a Amarillo en la corte, prefirió no dar declaraciones acerca del caso ni de su cliente.
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